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Fraude escandaloso a favor de candidatura de AP

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Los datos oficiales  surgen únicamente del escrutinio público que se realiza en las Juntas Provinciales, aprobando acta por acta de cada una de las mesas electorales. Al momento que el CNE declaró la victoria de Moreno, las Juntas Provinciales aún estaban recibiendo información de los recintos.

Tomado del semanario En Marcha

Fraudulento es la palabra que califica a plenitud al proceso electoral que vivió el país en estos meses, tanto en su primera fase como en la segunda vuelta. El correísmo una vez más burla la voluntad popular expresada en las urnas, para lo cual puso en funcionamiento y a su favor todo el aparataje institucional y, en los momentos decisivos, de manera particular el Consejo Nacional Electoral íntegramente controlado por sus fuerzas.

En los comicios del 19 de febrero, manipulando actas y el sistema informático del CNE, Alianza País robó varias representaciones provinciales a distintos partidos de oposición –como el caso de Natasha Rojas, de Unidad Popular en Pichincha- e intentó inclusive proclamar su victoria presidencial en primera vuelta, despropósito que no se consumó, entre otros motivos, por la movilización y la presión de las masas ante el organismo electoral, que debió dar paso atrás.

Como era previsible, la conducta fraudulenta del correísmo se repitió en las votaciones del domingo pasado. Por el lado que se mire, el comportamiento de los principales funcionarios del Consejo Nacional Electoral ha estado orientado a viabilizar un escandaloso fraude electoral, con el que han proclamado el triunfo del binomio Moreno – Glas de Alianza País.

Pocos días antes, el CNE advirtió que no es posible entregar datos definitivos el mismo día del sufragio porque hay un sin número de actas rezagadas que demandarían hasta cuatro días para culminar el proceso. Ese mismo argumento establecieron en la primera vuelta, cuando la estrategia gubernamental era alargar el conteo de los sufragios con la “esperanza” de que las protestas bajen de intensidad y puedan anunciar el resultado que tenían previsto. Como todos sabemos, ese plan fracasó. Sin embargo, en esta ocasión, luego de una nerviosa e insegura intervención de un “experto” de la Escuela Politécnica Nacional –integrante del equipo que hizo un conteo rápido-, alrededor de las 8 y 30 de la noche del día domingo, el presidente del CNE, Juan Pablo Pozo, oficializa el triunfo de la candidatura gobiernista.

De acuerdo a la ley electoral, no es posible proclamar un resultado oficial y definitivo con datos provisionales, como los que fueron considerados en esta ocasión, además, el mismo funcionario estableció que hasta ese momento estaban “escrutadas” el 94% de actas. Esos datos no son oficiales porque son resultado de una información extraída del sistema de scanner establecido por el CNE, operado por funcionarios sin control de autoridad competente.

Los datos oficiales  surgen únicamente del escrutinio público que se realiza en las Juntas Provinciales, aprobando acta por acta de cada una de las mesas electorales. Al momento que el CNE declaró la victoria de Moreno, las Juntas Provinciales aún estaban recibiendo información de los recintos. Por eso es correcta la demanda que desde distintos sectores se ha formulado en el sentido de que debe procederse a contar voto a voto cada una de las juntas y, además, que todo el sistema informático del CNE debe “encerarse”, es decir, partir desde cero en la recepción de los datos del sufragio para que pueda realizarse un control simultáneo con las actas y la información que se sube al sistema.

Esa ilegal proclamación, además, se sustentó en el manejo fraudulento de los escrutinios. Como en la primera vuelta electoral, ahora también se quitan votos a un candidato y se los aumenta a otro; se invierten resultados totalmente en algunos casos, o, simplemente, se cambian las actas originales por otras en las que gana el candidato continuista. De eso hay pruebas suficientes, de ahí el interés del CNE por culminar inmediatamente el proceso y no dar paso a los reclamos que ya se han hecho en las respectivas Juntas.

El manejo de la web del organismo electoral también formó parte del plan: durante varias horas el portal estuvo inhabilitado, impidiendo que la ciudadanía pueda hacer un seguimiento del proceso. Cuando ésta nuevamente funcionó el candidato gobiernista ya encabezaba la votación, sin que se pueda conocer cómo se desenvolvió ese proceso.

Previo a todo esto, nuevamente el Gobierno puso en marcha el trabajo de sus empresas encuestadoras que en otros procesos han cumplido el mismo papel: posicionar -o intentar hacerlo- la opinión gubernamental para incidir en el estado de ánimo y el comportamiento de la gente. Perfiles de Opinión hizo público los supuestos resultados de su exit poll, según el cual ganaban con el 52,2% frente al 47,8% de la oposición, contrariando los resultados presentados por otras encuestadoras. Pero aún esa información no convenció a los partidarios del gobierno concentrados en el Hotel Quito, en la capital, que eran conscientes de la derrota electoral. Solo el anuncio de uno de los dirigentes de AP, en el sentido de que “ganamos porque ganamos” pudo cambiar el estado de ánimo. El mensaje era claro: para algo controlamos el CNE.

Hasta el cierre de esta edición, el sentimiento de que se ha cometido un nuevo fraude electoral está presente en un amplio sector de los ecuatorianos y las acciones de protesta –que iniciaron la misma noche del día 2 de abril- continúan en varias ciudades, rechazando que se hay burlado la expresión popular depositada en las urnas y exigiendo que cuente voto a voto todas las juntas.

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