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En China se consolida el capitalismo, no el socialismo

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En el curso de la década de 1980 la economía china se movía ya al vaivén de “las fuerzas del mercado”, proceso que se profundiza con la privatizaciones de empresas estatales en la década de 1990. El gobierno continúa adoptando medidas para favorecer la inversión privada local y extranjera. 

Tomado del semanario En Marcha

La reciente realización del XI Congreso del Partico Comunista de China ha sido motivo para una serie de informaciones y análisis respecto de lo que ocurre en el gigante asiático y hacia dónde le llevarán las principales resoluciones del cónclave chino que llaman a  continuar en la “construcción de un país socialista moderno”.

La idea de China como un país en el que se construye el socialismo es generalizada, más por la propaganda que al respecto realizan diversos sectores que por el conocimiento real de lo que allí ocurre. Para las generaciones más viejas, China se asocia con la imagen de Mao Zedong y con la gran revolución que tras una larga guerra civil triunfó en octubre de 1949 en un país de campesinos pobres y hambrientos. Las generaciones más jóvenes ven en China un país industrializado, que compite con los Estados Unidos por alcanzar la primacía económica y la influencia en el mundo.

Los importantes pasos que la revolución democrática dio en sus primeros años, para superar la estructura semifeudal y semicolonial, que se manifestaron principalmente en la colectivización de la tierra, en la estatización de algunos sectores de la economía, en los intentos por iniciar un proceso de industrialización del país y en la ejecución de una política de defensa de su soberanía se mantuvieron mientras Mao Zedong* tuvo vida. Pero la existencia de diversas corrientes al interior  del PCCh, y el control de la dirección del PCCh que una de las facciones más derechistas alcanzó en 1978, llevó a un proceso de anulación de las transformaciones económicas y sociales alcanzadas, que desembocó en hacer de China un país capitalista.

Esas reformas iniciaron principalmente con la designación de Deng Xiaoping y Chen Yun en los puestos principales del Partido. Chen, que perdió posiciones al interior del PCCh cuando Mao  (1958) lanzó la política del “Gran Salto Adelante” (que buscaba la industrialización del país), fue el gestor de una serie de reformas en relación a la tenencia de la tierra y la estructura y funcionamiento de las empresas estatales.

Deng Xiaoping se convirtió en la cabeza principal del proceso reformador. Conocido por su pragmatismo, creó el término “Un país, dos sistemas”, con el que dejaba en claro que su interés era desarrollar enclaves capitalistas; con el tiempo esas formas capitalistas de producción y explotación se han generalizado en todo el territorio. También difundió el concepto “socialismo con características chinas”, detrás del cual se escondía la ejecución de un programa económico político totalmente alejado de los preceptos marxista leninistas que aseguran la dirección hacia el socialismo. Por supuesto que a un elemento procapitalista como Deng no se puede pedir consecuencia con el marxismo leninismo. Además, tras la cantaleta de “socialismo con características chinas”, los revisionistas y derechistas del PCCh han mantenido una retórica aparentemente comunista, al tiempo que trabajan por el establecimiento del capitalismo.

Las reformas aplicadas durante los años 1980 provocaron el restablecimiento de una agricultura privada, la apertura del capital extranjero a través de las denominadas Zonas Económicas Especiales (ZEE), el florecimiento de negocios privados.

Las ZEE fueron receptoras de Inversiones Extranjeras Directas, operaron como zonas de libre comercio, para el procesamiento de las exportaciones, parques industriales y puertos libres. En ellas se estableció una regulación jurídica especial, permisiva con el capital extranjero y orientada hacia una economía de mercado.

En 1980 se permitió una agricultura privada en zonas en donde la gente “había perdido su confianza en la colectividad”, y en 1982 aquello se convirtió en una política nacional. Así se inicio la descolectivización de la agricultura.

Las reformas también eliminaron casi todos los precios fijados por el gobierno y se permitió que éstos sean establecidos por el mercado.

En las ciudades se reconocieron formas de “autoempleo” para hacer frente a la alta tasa de desempleados.

De esta manera, en el curso de la década de 1980 la economía china se movía ya al vaivén de “las fuerzas del mercado”, proceso que se profundiza con la privatizaciones de empresas estatales en la década de 1990.

Debe advertirse que las privatizaciones no abarcaron a todas las empresas, ni la presencia de los capitales privados y extranjeros son mayoritarias en el paquete accionario, como ahora ya sucede con las últimas reformas. El gobierno chino ha establecido una normativa de control a esos capitales foráneos y siempre hay una presencia de capitales del gobierno en esos emprendimientos lo que proyecta –solo proyecta- un dominio estatal en la economía, que muchos confunden con forma socialista de producción.

Así, durante ese período en China se ha estableció un capitalismo monopolista de Estado, entendiendo por éste un sistema en el que se afirman las relaciones capitalistas de producción en sectores y empresas con fuerte control del Estado.

Posteriores reformas y políticas adoptadas por el PCCh han permitido una presencia mayor de capitales privados y extranjeros en la economía china, convirtiéndolo en un país abiertamente capitalista.

  • Nuestro partido realizó un análisis crítico del papel cumplido por Mao Zedong y el PCCh desde el triunfo de la revolución hasta la muerte del líder chino en 1976, y encontramos en el denominado “pensamiento Mao Zedong” posiciones que riñen con el marxismo-leninismo en varios aspectos, que condujeron a la aplicación de un programa económico-político que no permitió avanzar a la construcción del socialismo en China.

Parte II

La presencia de capitales privados locales y extranjeros cada día es mayor en la economía de China, por efecto de las distintas reformas que se ha venido aplicando desde la década de los años 1980 hasta la fecha. La propiedad capitalista se desarrolla libremente.

En la actualidad, en la economía china operan tres tipos de empresas:

  • Las empresas estatales, que controlan el sector banca, energía, teléfonos, transporte, aunque en algunas de ellas hay presencia privada pequeña. En el 2015 el gobierno controlaba el 39% de los activos industriales y el 85% de los activos bancarios.
  • Las empresas constituidas por capitalistas privados, mayormente extranjeros, y entidades respaldadas por el Gobierno.
  • Empresas privadas, aunque con fuerte  controles estatales y muy relacionadas con el aparato gubernamental, como BYD, Geely, Chery, Huawei.

En todas ellas lo central es que domina la relación de explotación capitalista. Incluso las empresas estatales actúan y se someten a la lógica del mercado y la ganancia.

El número de empresas estatales ha rebajado ostensiblemente en los últimos años, y las políticas que el Partido Comunista de China aplica están orientadas a disminuir su presencia y a abrir sus puertas al capital privado local y extranjero. Se estima que en la actualidad las empresas estatales generan solo el 17% del empleo urbano, mientras que en el pasado el porcentaje era mucho más alto. Entre el 80% y el 90% de los despidos del sector estatal entraron al sector privado o se establecieron por su cuenta; en el 2004 el empleo en el sector privado representaba 2/3 del empleo urbano total. La ola de privatizaciones, en la década de los 90 bajo el primer ministro Zhu Rongji, acabó con el cierre de 60 mil  empresas y el despido de 30 millones de trabajadores.

China ocupa el tercer lugar en el mundo como receptor de flujos de Inversiones Extranjeras Directas, según señala un informe de este año de la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo), luego de Estados Unidos y Reino Unido. En el 2016 recibió 133 mil millones de dólares de inversiones, un poco menos de su máximo histórico de 135 mil millones de dólares en el 2015.

Pero no solo recibe inversiones, también exporta capitales al extranjero. En el 2016 sus flujos de capital hacia fuera ascendieron a 183 mil millones de dólares.

Las resoluciones del reciente congreso del PCCh, en lo que corresponde a este análisis, establecen medidas para permitir una mayor presencia de capitales privados extranjeros. Chen Fengying, experto del Instituto de Relaciones Internacionales Contemporáneas de China, declaró al periódico Global Times (17 de nov.) que “la relación entre las compañías extranjeras y el mercado chino será más fluido, ya que el 19 Congreso del PCCh señaló que China suavizará en gran medida el acceso al mercado para el capital extranjero”. El mismo periódico, tres días antes reportaba que, según un boletín del Ministerio de Asuntos Exteriores, “se permitirá la participación extranjera mayoritaria en empresas conjuntas en el negocio de vehículos de nueva energía” el próximo año.

El año anterior (2016), las directrices publicadas por la Comisión de Supervisión y Administración de Activos Estatales (Csaae) del Consejo de Estado establecían que los “empleados calificados de empresas estatales seleccionadas en la industria completamente abiertas a la competencia podrán comprar acciones de la compañía”. El Estado debería mantener por lo menos el 34% del total de acciones de cada compañía, mientras que los empleados deben tener menos de 30% combinado. En las décadas de los 80 y 90 de siglo anterior ya se ensayó algo así, y el resultado fue que gran cantidad de acciones fueron compradas por los funcionarios administrativos y del partido.

El capitalismo y la acumulación capitalista se asienta con altísimos niveles de explotación de la fuerza de trabajo y ha significado la ampliación de la brecha entre capitalistas, trabajadores, campesinos y desempleados.

Seiscientos mil trabajadores mueren al año por explotación laboral, según información aparecida en el diario de la Liga de la Juventud Comunista de China. Los trabajadores chinos sufren bajos salarios, extensas jornadas de trabajo y escasos derechos sociales y sindicales. En el año 2000, el viceministro de salud, Yin Dakui, reconoció que en muchas empresas los dueños “sacrifican la salud de los trabajadores para hacer dinero”.

Los desniveles en los ingresos son mayores que los existentes en los países capitalistas más avanzados: los ingresos de los residentes urbanos son 3,3% superiores a los ingresos de los residentes en el campo; los ingresos de los empleados de la industria con salarios más altos son 15 veces superiores a los que tienen ingresos más bajos; los ingresos de los principales directivos de las empresas estatales son 18 veces superiores a los de sus empleados.

En promedio, los ingresos de los funcionarios más altos son 128 veces más altos que el salario promedio del país. La diferencia de ingresos entre el 10% más rico y el 10% pobre era de 23 veces en el 2007, según Li Shi, Director del Centro de Investigación Sobre Distribución de Ingresos y Pobreza de la Universidad Normal de Beijing.

En el año 2015 se estableció que el 1% más acomodado de la población en China poseía un tercio de la riqueza del país, mientras que el 25% de la población con menos recursos solo detenta el 1% de esa riqueza.

China superó ya a los Estados Unidos como el país con más multimillonarios del mundo. En el año 2011, según la Lista Hurun (el Instituto de Investigaciones Hurun realiza estudios de las personas más ricas) en el país asiático habían 271 super millonarios chinos, es decir, gente con más de mil millones de dólares de riqueza; en 2016 se estableció la existencia de 596 multimillonarios, frente a 537 existentes en EEUU. El reciente informe de este año establece que el magnate de bienes raíces Xu Jiayin, fundador de la compañía China Evergrande, es ahora el hombre más rico de ese país: su fortuna ascendió a los 43 mil millones de dólares.

Con todo esto, ¿se puede creer que en China se construye el socialismo?

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