Miércoles, 22 de Octubre del 2014

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El populismo: As de la burguesía*

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POPULISMO

El populismo es una corriente política burguesa, utilizada por las clases dominantes para remachar las cadenas de dominación, la experiencia latinoamericana nos demuestra que cobran más fuerza cuando las masas populares pierden confianza en los partidos y figuras tradicionales de la burguesía. A pesar de ser una corriente política de derecha en su discurso no duda en tomar frases e inclusive propuestas que se presentan como progresistas y de izquierda.

El populismo es una respuesta de parte de los sectores que tienen el poder, en momentos de aguda crisis política, según el brasileño Octavio Ianni se “entiende que se trata de un fenómeno que tiene su aparición en el preciso momento de eclosión de la crisis del sistema capitalista mundial y las concomitantes crisis de los sistemas oligárquicos nacionales”.

Por ejemplo tenemos los gobiernos que surgieron “como consecuencia de la Gran Crisis de 1930, y aparece como la responsable de la ruptura de esa hegemonía oligárquica liberal. La crisis hegemónica, fue producto de la incapacidad de cualquier clase para imponerse por sobre las otras y asumir el poder”[1]y así el aparecimiento del populismo -según Myriam Stanley-  demostró “las propias debilidades de los grupos dominantes, al intentar suplantar a las oligarquías en el poder por tan largo período”.

Entre sus características fundamentales está presentarse como enemigo jurado de la oligarquía, de los poderosos, de los ricos y conjuntamente a ello  “aparecen como una corriente populachera, apegada a las actitudes y costumbres del pueblo, que recoge el sentimiento antioligarquico de éste”[2].

El populismo busca ganar la simpatía de la población aún a costa de tomar medidas contrarias al Estado y a pesar del discurso que pueda tener, su objetivo primordial no es transformar profundamente las estructuras y relaciones sociales, económicas y políticas sino preservar el poder y la hegemonía política a través de la popularidad entre las masas. Algunos movimientos populistas dieron a amplias capas de la población beneficios limitados o soluciones a corto plazo que no ponen en peligro el orden social vigente ni le otorgan a los pueblos capacidades reales de autodeterminación, pero que sirven para que eleven o mantengan la popularidad de los caudillos o del régimen reforzando su poder. En muchos casos, a pesar del discurso contra las clases sociales dominantes, los sectores económicos de poder, los intereses eclesiásticos y militares, la función pública se mantienen vigentes o en la mayoría de los casos cambian de manos, pero el poder de tales estructuras sobre la población no desaparece.

Una de las partes del populismo es “la capacidad de hacer ofertas y sembrar ilusiones, la capacidad de convencer utilizando todos los recursos. La segunda parte tiene que ver con una respuesta concreta a algunos de los problemas de las masas. Por ejemplo, construir escuelas bien  pintadas en buena parte de los barrios, dar la escritura de tierras invadidas, llevar el cascajo para el relleno de los barrios suburbanos, las aceras y los postes de luz, etc. Es también necesario construir la obra faraónica, la obra relumbrante que perennice el nombre del presidente, el alcalde, etc.”[3]

Otra característica es el caudillismo, la voluntad del caudillo, del jefe, es una orden, una voz de mando, una decisión inapelable, hasta cierto punto “divina”. El caudillo trata de reflejar una imagen casi de mesías, predestinada por “el espíritu santo” para el rescate del pueblo hambriento. En contraste a ello desprecia la organización popular, a sus gremios y a  sus dirigentes, siempre que no se sometan a la voluntad del líder o sean sus sirvientes.

El populismo se ha constituido en el As debajo de la manga de la burguesía y el imperialismo, se ha convertido en la carta en el proceso de dominación política, ya que es un fenómeno político social de un movimiento manejado por la burguesía en su propósito de legitimar su dominación, de adormecer y manipular electoralmente a las masas. Un movimiento que en varias ocasiones ha sido dirigido contra la izquierda y es profundamente anticomunista.

El populismo tiene la capacidad de organizar ciertos sectores de masas para convertirlos en fuerzas de choque de sus políticas y con ello reprimir a los sectores sociales que luchan, han organizado a grupos asalariados que repriman al pueblo y a los opositores políticos y en muchas ocasiones esos se han transformado en organizaciones paramilitares, reaccionarias y fascistas.

La historia, principalmente latinoamericana, ha sido testigo de innumerables ejemplos de gobierno que han impulsado esta política y deben ser analizados para sacar las más importantes lecciones.

 Getúlio Vargas: alfil del capital en el Brasil

En varios países de América el populismo se ha constituido en un alfil de combate para atacar a los sectores populares, destruir la organización social, golpear a la clase obrera y perseguir a los comunistas y revolucionarios, una de las experiencias más destacadas es la del gobierno de Getúlio Vargas en Brasil, que dominó la escena política desde “la Revolución de 1930” hasta su impactante suicidio el 24 de agosto de 1954.

Para muchos historiadores Getúlio Vargas fue uno de los presidentes de mayor influencia en el Brasil Contemporáneo y en su periodo- según Alejandro Mendible Zurita, investigador de la Universidad Central de Venezuela- “…es el manipulador y coordinador más prominente de un amplio movimiento de transformación que impulsa el cambio de un país rural dominado por las oligarquías paulista del café y ganadera de Minas Gerais, a otro industrializado y urbanizado”.

Vargas llegó al gobierno en el contexto de la crisis política –atravesada por la oligarquía y el liberalismo– y desarrollo económico que se inicia en 1930. Para el historiador brasileño Francisco Weffort, “el populismo expresa dos hechos fundamentales: la debilidad política de los grupos dominantes y la irrupción de las clases populares en el proceso de desarrollo urbano e industrial”. Además señala que este fenómeno político se caracterizó porque “asumió diversas facetas, frecuentemente contradictorias y logró establecer la ampliación de las bases del Estado brasileño. El populismo brasileño fue una estructura institucional de tipo autoritario y semicorporativa; orientación política de tendencia nacionalista, antiliberal y antioligárquica; orientación económica de tendencia nacionalista e industrialista…”

Vargas llegó al gobierno después del movimiento denominado “la Revolución de 1930”, una plataforma electoral integrada por los sectores excluidos de la "República del Café con Leche", mote con el cual se calificaba a los dueños del poder durante la Vieja República: la oligarquía del café de Sao Paulo y la de los ganaderos de Minas Gerais. Según Alejandro Mendible  “El movimiento era inicialmente reformista y solo pretendía atender, en mínima parte, las aspiraciones populares y, en lo fundamental, buscaba anticiparse a un posible movimiento popular”.

Al llegar al gobierno Vargas quizo convertirse  en el gran organizador de una nueva alianza que impulse el tránsito de un país dominado por las oligarquías y predominantemente rural a otro urbano e industrializado. El estilo de gobernar fue  aprovecharse de las ventajas del gobierno para ofrecer empleos, sobornos, facilidades de toda naturaleza a sus amigos, o aquellas figuras o personas que le pueden ser útiles.

La gran preocupación del gobierno fue construir un de nuevo Estado capaz de mantener la unidad nacional y el equilibrio de las diferentes fuerzas sociales, dirigir la nación por encima de las oligarquías y promover a la industrialización, producir determinadas aspiraciones democráticas, a pesar de todo eso agudizaron las contradicciones sociales y se acentuaba la crisis, por lo que se produce movilizaciones de diferentes sectores y que alcanza su mayor trascendencia en la revuelta de 1935, que es sofocada y se implementó una Ley de Seguridad Nacional que permitió realizar redadas, encarcelamientos para liquidar el "peligro comunista".

Con este argumento se enterró la Constitución democrática de 1934 y se implanta otra de tipo autoritario, que constituyó el denominado “Estado novo”, que tenía el objetivo de fortalecimiento del Estado, centralizado métodos dictatoriales y corporativos, el culto a la personalidad de Getúlio Vargas, y el empleo de un amplio sistema de propaganda controlado por el gobierno. De esta manera se intenta la formación de una nueva burocracia estatal y se implementa una política exterior tendiente a favorecer la industrialización. Se estrechó alianzas con los Estados Unidos, lo que permitió establecer bases militares en la región del Nordeste.

El Estado incorporó una legislación muy próxima al Estado corporativo, atendían a viejas reivindicaciones laborales que eran exigidas desde las huelgas del 1919 y a la vez pretendía acabar con la autonomía sindical. Se planteó que solo existiría un sindicato por cada profesión, con la debida autorización ministerial; además se fijaba el descuento de una jornada por año y por trabajador que iría a constituir el “fondo sindical”, que canalizado vía Ministerio del Trabajo se distribuiría entre los sindicatos. El impuesto sindical se convirtió en una fuente de dependencia política.

Por lo que el llamado Estado Novo fue fundamentalmente un Estado autoritario que se transformó en el principal instrumento de acumulación capitalista al servicio de la burguesía industrial brasileña.

El populismo en México remachó la dominación burguesa

En 1934 Lázaro Cárdenas fue electo Presidente de México hasta el año de 1940, su misión fue frenar la radicalización de la revolución mexicana que se desarrolló en 1910 e  intentó consolidar un Estado corporativista para someter a los trabajadores y los pueblos a su política.

La situación que se vivía en México amenazaba con un estallido social y a la vez, “frenaba el desarrollo del país, en particular, la acumulación de capital sobre vías de un capitalismo. De esta forma, el fin fundamental del proyecto cardenista, se resume a la creación de las condiciones tanto sociales como económicas que permitirán garantizar la acumulación del capital, lo cual significaba, reformular las bases sobre las que se deben las relaciones de producción”[4].

Lázaro Cárdenas lideró el gobierno en la crisis  económica mundial de los años treinta. Tras el crack bursátil de 1929, cuando las acciones de la bolsa de Wall Street cayeron en picada ante una corrida masiva de ahorristas que pretendían evitar la completa pérdida de sus ahorros, la economía capitalista se vio gravemente golpeada. Como consecuencia del quiebre bursátil, numerosas empresas y bancos debieron cerrar generando desempleo, pérdida de capitales y la reducción de todas las actividades financieras y económicas.

En México  la situación económica se había agravado con la caída del precio de la plata, lo que llevó a una crisis general de la minería alcanzando al oro, el cobre y el zinc, cuyos precios también cayeron estrepitosamente. En tanto la industria petrolera, que ya venía sufriendo problemas, debió reducir la producción. A la crisis minera se le sumó la crisis agrícola, con la caída de los precios externos a niveles no imaginados.

Su gobierno es considerado como una clara experiencia populista, ya que a la par que consolidaba el poder de las clases dominantes mexicanas impulsó medidas para comprar el apoyo de los sectores populares como el impulso de la reforma agraria, pendiente desde los años de la revolución.

El proceso de distribución de tierras fue acompañado por la construcción de obras de regadío y programas crediticios por parte del Banco Nacional de Crédito Ejidal. Según Myriam Stanley, profesora de Historia Latinoamericana, esta política “permitió una relativa modernización de la producción agraria, al tiempo que fijó a la tierra a una gran masa de desposeídos, que no habían terminado de estabilizarse con posterioridad a la Revolución del 1910”.

Paralelamente se dinamizó la salud pública con la construcción de hospitales,  el envío de médicos rurales, campos de descanso para obreros y la creación del Departamento de Asuntos Indígenas, que estableció escuelas y centros de salud. En cuanto a la educación se promovió lo que llamó “la escuela gratuita, obligatoria de asistencia infantil, coeducativa, integral, vitalista, progresista, científica, desfanatizante, orientadora, cooperativista, emancipadora, nacionalista”.

Tomó el pleno control sobre el ejército, el Congreso y los gobernadores, realizó acuerdos con la iglesia y trato de centralizar el poder al punto que le permitiera, al Estado, tener bajo su dirección, tanto a los sectores medios como a los populares, a través del respeto a la propiedad privada.

Impulsó varias acciones para imposibilitar la movilización y organización de la clase obrera, para ello se apoderó de la recién creada Confederación de Trabajadores de México (C.T.M.) y estableció un sistema de cooperativas obreras, limitando así, la oposición política de esos sectores y subordinándolos a su liderazgo.

Lázaro Cárdenas promovió varia acciones para construir una imagen gubernamental en la que él aparezca como un luchador en contra del imperialismo, pero esas en realidad servían para remachar las cadenas de dominación  a los trabajadores, por ejemplo se acusó a empresas extranjeras de desconocer la soberanía del Estado mexicano y de sus instituciones de gobierno, por lo que se nacionalizaron las empresas y se creó la empresa estatal Petróleos Mexicanos (PEMEX) y la medida sirvió para encolumnar a la población bajo el liderazgo presidencial.

A pesar de todo estos elementos, las condiciones de vida de la población no mejoró y el espíritu que se gestó en la revolución de 1910 se encontraba presente, los trabajadores y los pueblos se movilizaron exigiendo cambios estructurales y el respondió con el autoritarismo.

 Perón supo manipular a las masas

Cuando se habla de Juan Domingo Perón se escucha mil y un leyendas e historias sobre este personaje, calificativos que van desde que es un hombre de izquierda, que transformó  a la Argentina, que organizó a los trabajadores y luchó contra la oligarquía, hasta señalarlo como un claro representante del populismo latinoamericano. Esta última caracterización le calza como anillo al dedo, ya que los 30 años que dominó la escena política en Argentina la desarrolló bajo un ideal populista y lo ha convertido en un clásico de esta política.

Situación política en la llegada de Perón
En los años en que dominó Perón, Argentina se caracterizó por la crisis económica de los 30, la estructura económica del país había modificado profundamente durante esa década, ya que se provocó una reducción importante del comercio internacional. Esto afectó a la economía argentina, basada en la agroexportación, “…que hubo de reconvertir mediante el control del mercado de carnes y granos y una acelerada industrialización basada en la sustitución de importaciones de los productos manufacturados. Este proceso fue acompañado de un importante flujo migratorio interno desde las zonas rurales del interior hacia la periferia de las grandes ciudades (fundamentalmente Buenos Aires, Rosario y Córdoba). Estas nuevas masas populares, empleadas en las nuevas industrias y sin antecedentes de sindicalización, son las que constituirán la base del movimiento peronista”[5].En esos años se desarrolló la segunda Guerra Mundial, enfrentamiento en el que los comunistas salieron victoriosos y con alto respeto y admiración, en muchos países los revolucionarios se tomaron el poder y en otros se reforzó la organización y la lucha de la clase obrera y los pueblos, entre esos países se encontraba la Argentina.

Intensa represión
El gobierno peronista fue duro con la oposición política y sindical, algunos de cuyos dirigentes fueron arrestados como fue el caso de Ricardo Balbín y Alfredo Palacios. También hubo hechos de torturas a opositores como al estudiante Ernesto Mario Bravo y el médico Juan Ingalinella, que murió por los tormentos. Diversos historiadores afirmaron que en las universidades nacionales se despidió a profesores disidentes, y que se impedía ejercer a docentes si no estaban afiliados al partido peronista.Se dividió a la las organizaciones sociales y políticas que enfrentaban el proyecto peronista, se impulsó a la CGU (Confederación General Universitaria) como representante de los estudiantes en oposición a la mayoritaria FUA (Federación Universitaria Argentina), conducida en ese entonces por el Partido Comunista. Con un criterio similar, se creó la UES (Unión de Estudiantes Secundarios).Es decir que para Perón la democracia era entendida como: “ganamos, somos la mayoría la minoría no existe, entonces hacemos lo que queremos, a la oposición la barremos y a los enemigos ni justicia”. 

Medidas asistencialitas de Perón
La posguerra mundial significó la debilidad económica de una Europa y Argentina se encontraba por primera vez en la posición de acreedor de los países centrales. Esto permitió al gobierno aplicar una vasta política de bienestar que incluía nuevos derechos sociales, como períodos de vacaciones y descanso, planes de vivienda, inversiones en salud y educación, etcétera. Estas conquistas sociales fueron ampliamente capitalizadas por las figuras de Perón y su esposa mediante una fundación financiada con fondos estatales y algunos aportes empresarios. Las nacionalizaciones y estatizaciones de los servicios públicos, como los ferrocarriles británicos, fueron proclamados como conquistas de soberanía e independencia económica.Esta situación cambió mediante el Plan Marshall,  EEUU comenzó a ubicar sus excedentes agrícolas en Europa limitando el acceso al mercado. Perón, que había declarado una vez que "se cortaría las manos" antes de comprometer la independencia económica, contrajo finalmente un préstamo con el Banco de Exportaciones e Importaciones de Estados Unidos (Eximbank) y firmó contratos de explotación petrolífera con compañías extranjeras.En la segunda presidencia se vivió una profundización en las contradicciones ínter burguesas y un impulso en acciones contra los sectores populares, que trajo más pobreza mediante la realización de algunos ajustes como: restringir el consumo interno, se  eliminados subsidios a diversos bienes de uso popular; se estableció una veda parcial al consumo de carne; y se levantó el congelamiento de los alquileres. Por otra parte se proclamó “la vuelta al campo”, donde el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) invirtió su mecanismo y emprendió la tarea de estimular a los productores rurales con precios retributivos.Mientras todo esto sucedía contra los sectores populares, las clases dominantes eran beneficiadas y se les ayudaba con prestamos y subsidios para desarrollar la industria en el país.El peronismo fue un fenómeno político que supo manipular a las masas mediante la solución de determinados anhelos y necesidades, Perón se convirtió en un líder que cautivó a los sectores populares, pero las intenciones del caudillo no se encontraban a favor de los pueblos, mientras por un lado daba pan por otro reprimía a todos los que rechazaban su política a favor de las clases dominantes.

El APRA una escopeta de dos cañones
El populismo en el Perú contó con una connotación especial, ya que no llegó al gobierno y tuvo como expresión la famosa Alianza Popular Revolucionaria Americana, también conocida como APRA o PAP (siglas de Partido Aprista Peruano).

Es un movimiento político que inicialmente fue planteado como un proyecto a escala continental, que se mostraba con posturas de centroizquierda e inclusive formaba parte de la Internacional Socialista, pero que mantenía una política populista y reaccionaria, sus blancos de ataque fueron el Partido Comunista y la Confederación General de Trabajadores (CGTP), ambas organizaciones fundadas por Mariátegui.

El APRA fue fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre, bajo el ideal de “construir la justicia social con pan y libertad en el Perú”; luego en Iberoamérica. La principal preocupación fue lograr apoyo internacional. En pocos años se organizaron comités y células apristas en varios países latinoamericanos, e incluso en los EE.UU. y Europa. Difundían sus ideas en revistas como “Tribuna” y variados libros, artículos en periódicos. Su ideología y movimiento político fue propiciado por jóvenes y universitarios descontentos con la realidad de su país y del continente.

Aparecieron en los años 20 y en medio de la crisis del capitalismo mundial, que obliga a los países importadores de productos elaborados, a autoabastecerse y modernizarse, se produce un auge del imperialismo norteamericano en América Latina. En el Perú se produce un contexto de regímenes políticos autoritarios y procesos de industrialización, con todos los efectos sociales que esto trae. Además un crecimiento de la economía de extracción minera, incitado en gran medida por la creciente inversión de los Estados Unidos, de cuyas ganancias no se beneficiaba el Perú más que indirectamente.

El APRA se planteó como antiimperialista y nacionalista. Por ello busca la independencia económica, nacionalizando tierras e industrias. Para atacar a la oligarquía, se busca liquidar el latifundio y se acepta el capitalismo como realidad inevitable. Su propuesta era ni Estado proletario ni Estado burgués, sino la creación de un Estado fuerte y regulador a través de una revolución “nacional” policlasista.

Se caracterizó por haber sido despojado de victorias electorales por golpes militares o gobiernos militares luego de haber triunfado en las urnas, también pasó por dos largos periodos de ilegalidad, tanto bajo gobiernos militares como civiles, habiendo sido perseguido con especial saña por Luis Miguel Sánchez Cerro y Manuel A. Odría.

La vida de esa organización ha sido una continua traición a los sectores populares, con el uso de la demagogia, es por eso que se le denominó como la escopeta de 2 cañones, ya que no se cansaron en darle puñaladas por la espalda al pueblo. La primera traición del APRA a las masas fue su participación en el Frente Democrático Nacional (FDN) de Bustamante y Rivero en 1945; en 1956 ajustó su ideología para aliarse a la oligarquía comercial, y en 1962 se enganchó a la oligarquía terratenientes. En 1956 el APRA se alía a Manuel Prado que era representante de la oligarquía banquera, les ofreció participación en el gobierno.

A cambio, el APRA prometió luchar por un clima de paz social mediante el control popular o la neutralización de las demandas laborales a través de su Confederación de Trabajadores (CTP). La CTP, en ese entonces, ya era solventada por la AFL-CIO, organismo político-laboral de EEUU que tiene lazos con la CIA.

Es por ello que el APRA, bajo un discurso que recogía los sentimientos de los pueblos peruanos, impulsaba una acción para combatir y destruir las organizaciones sociales y políticas de los trabajadores.

El populismo en Ecuador
El populismo en el Ecuador ha tenido presencia de personajes y partidos políticos desde los años 30 del siglo pasado. A la figura que se le puede adjudicar la inauguración de este tipo de política fue a José María Velasco Ibarra quien gobernó el país por cinco ocasiones entre 1933 y 1972. Así mismo un rol importante jugó Concentración de Fuerzas Populares (CFP) creada en 1949 por Carlos Guevara Moreno, partido que se conservó en la esfera política por un largó periodo bajo el liderazgo de Asad Bucaram y que llegó al gobierno en alianza con la Democracia Popular en 1979 al ser electo Jaime Roldós como presidente. Al morir el dirigente histórico del CFP (Asad Bucaram) emerge desde 1982 el Partido Roldosista de ecuatoriano liderado por Abadala Bucaram.

El populismo en  el Ecuador “…es el resultado de una compleja trama de factores sociales y políticos relacionados con la presencia de líderes carismáticos que tienen la capacidad de producir discursos de fuerte oposición simbólica al orden social”[6], los líderes populista han producido un discurso que ha aparecido bajo una posición pueblo-oligarquía que permitió movilizar a las masas, pero que en realidad buscaba mantener el estatus burgués, por ejemplo:
Velasco Ibarra
Para Agustín Cueva “…el velasquismo no pude aparecer sino como lo que objetivamente es: un elemento de conservación del orden burgués, «funcional» por haber permitido al sistema absorber sus contradicciones más visibles y superar al menor costo sus peores crisis políticas manteniendo una fachada «democrática», o por lo menos «civil», con aparente consenso popular. Desde este punto de vista, que es el único válido, puede afirmarse que el velasquismo ha sido la solución más rentable para las clases dominantes”.

El accionar impulsado por Velasco Ibarra ha sido considerado como uno de los acontecimientos más inquietante de la vida del Ecuador, logró triunfar en cinco elecciones presidenciales, acaudillo un movimiento insurreccional (el de 1944), sugestionó permanentemente a los sectores populares pero sin dejar de favorecer a las clases dominantes.

El velasquismo apareció en un escenario muy complejo, ya que el país atravesó una fuerte crisis políticas, sociales y económicas, es decir, “…una situación que no había permitido la concentración de todos los elementos del poder social en una sola clase, sino que más bien los había distribuido entre varias, al conferir la hegemonía económica a la burguesía agro mercantil, la hegemonía ideológica a los terratenientes de la Sierra y la facultad de «arbitraje» con las armas a una oficialidad muy ligada a la clase media…”[7].

A esta circunstancia sumamos la dependencia del Ecuador con el imperialismo, ya que el velasquismo nace en el momento en el que la gran crisis del sistema capitalista mundial sacude al Ecuador, y si se recuerda que los triunfos más importantes de Velasco Ibarra han coincidido con coyunturas similares: “la apoteosis de 1944 ocurrió «cuando se hizo patente en el país el fenómeno de la inflación monetaria con su secuela de especulación, elevación del costo de la vida, depreciación de la moneda», y el triunfo arrollador del cuadillo en 1960 se produjo en un momento crítico para la «economía del banano»”[8].

Este hecho no significó la oportunidad de iniciar el desarrollo industrial sino que tuvo como efecto la acentuación de ciertas contradicciones internas, originadas en la estructura de la sociedad ecuatoriana. Para Cueva, Velasco Ibarra fue una “fórmula de «transición» entre una burguesía agromercantil en crisis y una aristocracia terrateniente   todavía poderosa y, en otro plano, como un medio de manipulación de una masa predominantemente subproletaria”.

Los discursos demagógicos de Velasco Ibarra se encontraban dirigidos principalmente a la pequeña burguesía, a esos trabajadores por cuenta propia, de los que contó con un gran apoyo y quienes se encontraban pocos interesados en la realización de cambios estructurales e insatisfechos con la dominación oligárquica, encontraron beneficios con la política populista de construir escuelas, dispensarios médicos, carreteras, etcetera. Pero, a la vez,  Velasco tenía un desprecio con los intelectuales y sectores de la burocracia, con quienes se enfrentó en varias ocasiones, principalmente con los periodistas.

Así mismo las condiciones de crisis no trajo un mejoramiento a las condiciones de vida de los sectores populares, los cuales se movilizaron exigiendo sus reivindicaciones y enfrentaron la represión por parte del gobierno de Velasco, es así que los sectores revolucionarios fueron perseguidos, torturados y apresados en varias ocasiones, como fue el caso de Milton Reyes, presidente de la FEUE de Quito y militante del PCMLE.

CFP utilizó la demagogia para confundir al pueblo
Concentración de Fuerzas Populares (CFP), fundado en 1949 por Carlos Guevara Moreno. El objetivo de este movimiento era captar las direcciones  de los gobiernos locales de la costa  y luego proyectarse a las elecciones presidenciales.  A la sombra de Guevara se formó Asad Bucaram, quien en el tiempo desplazó a Guevara Moreno y se convirtió en la figura más destacada del CFP. En 1979, en el llamado período del “regreso a la democracia”, Concentración de Fuerzas Populares llegó por primera y única vez a ganar las elecciones presidenciales en unidad con la Democracia Popular y como binomio a Jaime Roldós y Oswaldo Hurtado.

El antecedente del CFP inicia en 1946 cuando Velasco Ibarra se proclamó dictador y nombró Ministro de Gobierno a Carlos Guevara Moreno, un aventurero político, que militó durante un tiempo en el viejo y revisionista Partido Comunista, fundó un movimiento político reaccionario denominado Unión Popular Republicana (UPR), con el que participó en las elecciones convocadas por la dictadura para la Asamblea Constituyente que elaboró la  Constitución de 1946. “La UPR estaba integrada por delincuentes y pesquisas y que desapareció con la caída del gobierno dictatorial, pero, posteriormente sobre la base de ese movimiento, con fondos proporcionados por los más notables exponentes de la oligarquía guayaquileña y utilizando el descontento de amplios sectores populares que se alejaron de los partidos de izquierda debido a sus graves errores oportunistas de derecha, se constituyó la Concentración de Fuerzas Populares (CFP)”[9].

En el periodo en que surgió el CFP, “los partidos tradicionales (conservadores, liberales y socialistas) vivieron una época de irregularidad en su funcionamiento, pero al mismo tiempo tuvieron que habituarse a coexistir con nuevas fuerzas que surgían. De las filas conservadoras se separaron varios elementos aristocratizantes encabezados por Camilo Ponce, para formar el socialcristianismo. Jóvenes militantes venidos de grupos medios integraron el ARNE, un agresivo movimiento filo falangista que jugó un destacado papel en la lucha contra la izquierda y el movimiento obrero. El liberalismo consolidó; con el Partido Socialista, la fórmula del Frente Democrático. Esto trajo consigo la división de este último, que se manifestaría años después. En Guayaquil y otros lugares de la costa se formó el CFP, partido de gran agresividad…”[10].

Concentración de Fuerzas Populares logró aglutinar a importantes sectores del semiproletariado, de la pequeña burguesía e inclusive de la clase obrera, aprovechando el descontento de tales sectores populares que vieron frustradas las aspiraciones por las que se movilizaron el 28 de Mayo. “La construcción de la base social del CFP, provino de la capacidad de orientar la ocupación del suelo mediante invasiones hacia terrenos de propiedad municipal. La época del florecimiento del cefepismo, coincidió con el crecimiento de Guayaquil y la expansión del suburbio guayaquileño. En efecto en 1950, el 12 por ciento de la población se hallaba en el suburbio, mientras que hacia mediados de la década de los setenta, ya estaban allí asentado el 57 por ciento de los habitantes de Guayaquil”[11]

Bajo la demagogia el CFP trataba de confundir a las personas y ganar adeptos, para ello utilizó consignas tales como "pueblo contra trincas", slogan que aparentaban demostrarse como los principales enemigos de la oligarquía y los amarres, con ello el CFP creció atacando demagógicamente, hasta conquistar arrolladoramente, en las elecciones, la Alcaldía y el Consejo Municipal de Guayaquil para Guevara y sus lugartenientes. Más tarde, heredando las fuerzas velasquistas desengañadas tras la bancarrota de las administraciones del caudillo, se constituyó en un partido de carácter nacional.

A partir de 1961 se produce un declive en el liderazgo de Guevara y se consolida el de Assad Bucaram, este último es elegido en 1962 como alcalde de la ciudad de Guayaquil y en 1966 es nombrado  vicepresidente de la Asamblea Constituyente.

En agosto de 1979 Jaime Roldós Aguilera (yerno de Asad Bucaram), candidato de la alianza CFP y DP,  se posesiona como presidente de la República. El cefepismo logró, entre los diversos partidos políticos, la mayor representación parlamentaria. Fue electo Assad Bucaram como presidente de la Cámara Nacional de Representantes, con apoyo de los partidos Conservador y Liberal. En este periodo se produce una serie de divisiones internamente en el CFP, después de realizar pactos con la derecha oligárquica comienza el ocaso del cafepismo con la desafiliación del presidente Roldós y varios legisladores que constituyen el Partido Pueblo Cambio y Democracia(PCD), el cual estuvo dirigido por Enrique Gallegos Arens.

Posteriormente  a la muerte de Jaime Roldós, sectores del PCD y el CFP conforman el Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE).

El CFP en sus años de vida y con mucha demagogia aparentó ser una organización que defendía los intereses de los sectores populares, que lucha contra la oligarquía y se convertían en la alternativa de los pueblos, pero que en realidad lo que pretendía era impulsar una serie de reformas para consolidar el capitalismo y formar lo que se conoce como el Estado desarrollista. 

El populismo bucaramista: neoliberalismo, corrupción y prepotencia
Desde 1979, cuando se reinstaló la democracia representativa burguesa en el Ecuador, se han turnado en el gobierno regímenes de diferentes tendencias oligárquicas entre las que se ha destacado el populismo Bucaramista.

Hasta 1996 la situación de vida de los pueblos se agravó a límites insostenibles la pobreza, insalubridad, falta de educación y de los demás elementales servicios básicos, situación que favoreció el ascenso del populismo de Abdalá Bucaram, para llegar al gobierno.

Fueron 15 años que le tomó a Bucaram para hacerse de “una base social estable en los Guasmos y suburbios guayaquileños, en algunos barrios pobres de Quito, en los barrios marginales de Cuenca, en los sectores de la pequeña burguesía conocidos como ’informales’ y, en general en los sectores más empobrecidos y desesperados del país.”[12]

Los primeros rastros de la acción política de Bucaram son los conocidos “Mandamientos de Abdalá” publicados en 1979 y practicados en el ejercicio de la Intendencia de Policía del Guayas. En los 16 mandamientos se establece un código moral, que tiene como ejes la presencia de la familia, la mujer, problemas de precios, reglas de conductas, exaltación a la Madre y a la Virgen María.

Bucaram desde sus inicios manejó y manipuló los sentimientos de los ecuatorianos, utilizó símbolos que aparentaban estar a favor de los intereses de los pobres y en contra de la oligarquía, como por ejemplo lo realizó en la campaña a la Alcaldía de Guayaquil en 1984, en la que usó la imagen de Batman y Robin como representantes de la justicia, el primero era representado por Abdalá Bucaram y el segundo por Alfredo Adum candidato a la Prefectura. En varias ocasiones organizó su acción política recurriendo a elementos vinculados a creencias religiosas. “En la campaña Electoral de 1988 incorporó temas religiosos con mucha fuerza, incluso usa imágenes donde aparece crucificado. En esa campaña utilizó también referencias a ’Plástico’, una conocida canción de Rubén Blades para tipificar a los oligarcas como hombres y mujeres plásticos. En algún momento se declara aficionado a la música rocolera y se identifica con el Barcelona, el equipo de fútbol de mayor arrastre popular, situándose, así, alrededor de grandes polos de aglutinamiento de la vida popular de Guayaquil” [13

El discurso utilizado por Bucaram y el Partido Roldosista Ecuatoriano (que fue fundado por Abdalá después de la muerte de Jaime Roldós) se encontraba concentrado en un aparente combate al Partido Social Cristiano y a la Izquierda Democrática, efectuaba una ficticia crítica a los empresarios a los cuales les consideraba como una mafia carente de una actitud de invertir en las esferas productivas, por el contrario dedicaba al comercio o la especulación y hablaba de una mafia política. reivindicó a los pequeños empresarios y los informales. Fustigó al sistema bancario y financiero, exceptuando a Roberto Isaías (dueño de Filanbanco), quien fue calificado de caballero, al igual que Sixto Durán Ballen.

En 1996 llega el PRE a la presidencia del Ecuador bajo la consigna “la fuerza de los pobres”, Bucaram logró el 54% de la votación frente al 46% de la obtenida por Nebot, candidato del PSC. En la campaña Abdalá exhibió todo un baratillo de ofertas para atender las necesidades de los pueblos, en salud, educación, trabajo y vivienda; planteando propuestas de respeto a las áreas estratégicas, de oposición a las privatizaciones; prometiendo sacar al país de la crisis y a las masas de la miseria; reivindicándose como representante de los pobres y enemigo de la oligarquía.

Desde el inicio del régimen del bucaramato el PCMLE planteó que “se trata de un gobierno burgués, de un gobierno que representa a los intereses de los empresarios y banqueros, de los grandes comerciantes importadores y exportadores, de los contrabandistas, del capital financiero; de un gobierno que representa a las empresas extranjeras, a los monopolios petroleros internacionales, a la banca internacional, al imperialismo.” Lo cual se demostró cuando nombró como sus principales asesores a los más importantes magnates de la banca ecuatoriana, a los Isaías, a los Noboa, a los Goldbaum; cuando empieza a dar un discurso distinto en los cenáculos, en las cámaras, en los EEUU y otro discurso al pueblo. Para los imperialistas y las oligarquías ofrece tranquilidad, impulsar las privatizaciones, afirmar la dependencia del país; para las masas, en el otro discurso, sigue ofreciendo vivienda y comienza a desentenderse de sus otras ofertas y a intensificar el circo, impulsa las poses demagógicas, los actos extravagantes que distraen la atención de los grandes negociados y atracos a los dineros de los ecuatorianos.

Impulsa una intensa campaña de represión y persecución, puso de blanco de ataque a todo aquel que significaba un obstáculo para la aplicación de la política neoliberal y los actos de corrupción. Se lanzó ferozmente a reprimir al movimiento sindical, principalmente público. Profundizó los atracos especialmente en las áreas estratégicas de la economía.

Los pueblos, trabajadores y la juventud protagonizan un gran acontecimiento político en el Ecuador como es el levantamiento popular que derrocó al gobierno de Bucaram, el cual fue el resultado del rechazo a la políticas neoliberales, la corrupción y prepotencia que impulsó el bucaramato.
* Publicado en el semanario En Marcha desde julio hasta septiembre de 2011

[12] Ramón Ayoví, El populismo bucaramista
[13] El  populismo en la política ecuatoriana contemporánea, Hernán Ibarra.


[9] LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN EL ECUADOR, http://www.utc.edu.ec
[10] Resumen de la Historia Ecuatoriana, Enrique Ayala Mora.
[11] El  populismo en la política ecuatoriana contemporánea, Hernán Ibarra.


[6] Hernán Ibarra, El populismo en la política ecuatoriana contemporánea, Releer los populismo, CAAP, febrero 2004, pág. 130
[7] Augustín Cueva , El Velasquismo: ensayo de interpretación, Campaña nacional Eugenio Espejo, pág. 53
[8] Idem.


 [1] Myriam Stanley, EL POPULISMO EN AMÉRICA LATINA, pág. 348

[2] Roman Ayoví, El populismo bucaranismo, pág. 69.
[3] Documento del V congreso del PCMLE, Problemas actuales de la revolución ecuatoriana, pág 128.

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