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De CEPE a PETROAMAZONAS, privatización y tercerización

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petroamazonas

por Galo F. Benítez 

Hace 40 años, un 23 de junio de 1972 se creó la Corporación Estatal Petrolera Ecuatoriana (CEPE), con una visión nacionalista basada en el criterio de que los ecuatorianos somos capaces de asumir la operación de los campos petroleros de la Amazonía, con eficiencia. 

Dicho objetivo se mantuvo hasta 1989, cuando pasaron los campos de la Texaco a Petroecuador. Para aquel entonces, la empresa heredó de CEPE una escuela de trabajo, capaz de tomar control de gran parte de las actividades técnicas y de servicios. Así fue como se crearon en CEPE los Departamentos de Ingeniería, Transporte, Soldadura y Construcciones, etc. A nivel operativo, también se invirtió en la compra de taladros de perforación y reacondicionamiento, así como las unidades varilleras, para reparación de las bombas mecánicas y unidades de pesca. 

En esa época todos los trabajadores pertenecían a CEPE, se ponían la camiseta, como se dice popularmente. En esas condiciones se dio paso a Petroecuador. Al poco tiempo, en el gobierno de Borja, se le nombraría en 1990 a Wilson Pastor, como Gerente de la filial temporal Petroamazonas, a cargo de los campos Libertador, Sacha, Shushufindi, Auca y Lago Agrio. Lamentablemente, en lugar de seguir con el modelo de CEPE, Pastor y sus sucesores permitieron que se desintegre el sistema de trabajo implementado por el patriota Contralmirante Gustavo Jarrín Ampudia, ya desaparecido. 

El modelo de la Texaco se impuso al legalizar contratos de servicios petroleros para soldadura, perforación, transporte, alimentación, etc. Con ello se dio paso a la subcontratación de personal, origen de la actual tercerización que todos conocemos. Con el cambio al modelo de empresa privada aparece Petroproducción. En tales circunstancias, se encarecen los costos operativos, pues las empresas cobraban el doble de lo que cuesta el servicio, privilegiando el negocio privado sobre el interés nacional. 

A raíz de la caducidad del contrato con la OXY el 15 de mayo de 2006, luego de superado el sabotaje causado por sus trabajadores, el país confió en que el Bloque 15 iba a pasar a manos de Petroproducción. No obstante, vuelve aparecer Pastor como el nuevo gerente de la Petroamazonas S.A. a cargo de los campos de Occidental. Mas tarde, el regimen de Correa decidió reestructurar Petroecuador, para lo cual dejó de ser estatal para convertirse en empresa pública. Acto seguido, el Directorio elimina Petroproducción y crea la Gerencia de Producción y Exploración, la misma que duraría poco tiempo, pues el gobierno, en enero de 2013 decide fusionar todos los campos de Petroecuador a EPPetroamazonas. 

La fusión le representa al país costos onerosos si consideramos que Petroproducción producía a un costo de USD 4,5 el barril. Con Petroamazonas el costo se inflará a 8 dólares, con lo cual el estado tendría que gastar más de USD 200 millones, recursos que se hubieran aprovechado en mayor inversión social. 

A la postre, el gobierno cedió 2500 millones de dólares en activos a favor de Petroamazonas[1], sin considerar el alto riesgo del juicio pendiente ante el CIADI por $. 1700 millones. A su vez, se entregó 8 campos en plena producción (160 mil barriles día), el Bloque 1 de la península y el campo gasífero Amistad. 

El régimen le salvó la campana a Petroamazonas, pues con limitadas reservas de 50 millones de barriles, según la auditora Deloitte & Touche, el Ejecutivo obsequió 1518 millones de barriles de reservas remanentes[2], y otros 1500 en reservas no explotadas, que atesoraba Petroecuador y, si eso fuera poco, le regaló a manos llenas, 1.7 millones de pies cúbicos de reservas de gas, que alberga el Golfo de Guayaquil[3]. 

Por otro lado, el principio del fin de la estatal se fraguó en la mismísima Asamblea de Montecristi en 2008, cuando mediante mandato constitucional se estableció una tabla jerárquica salarial que reconoció ingresos extraordinarios a los ex OXY, quienes se beneficiaron más tarde con el Decreto Ejecutivo 339, del 28 de abril de 2010, por el cual se fijaría latisueldos en la plana mayor de Petroamazonas, que van de la banda de los $.6 mil para los jefes departamentales, a más de 10 mil dólares, en puestos ejecutivos. 

El siguiente paso fue desmantelar los sindicatos petroleros, plan hábilmente maquinado en el Bloque 15, en Sucumbíos, donde Pastor (ex gerente de Petroamazonas) y el ex ministro Galo Chiriboga ordenaron el despido de toda la dirigencia. Acto seguido, el Directorio Político de Petroecuador resuelve eliminar la voz del representante de los trabajadores, para crear un buró afín al correísmo y neutralizar cualquier voz disidente al régimen. 

Una vez más, Pastor vuelve a hacer presencia, frente al ministerio de Recursos Naturales No Renovables. Tiene en Marco Calvopiña (actual Gerente de Petroecuador) al ‘testigo de honor’ del festín; a Carlos Blum (ex superintendente de OXY) como coordinador de la fusión y, a Oswaldo Madrid (otro ex OXY) como gerente de Petroamazonas, que recibió los campos de la estatal, gracias al Decreto 1351-A, firmado por el Primer Mandatario. 

Lo que no pudo hacer Gutiérrez en su momento, se cristaliza con la revolución ciudadana. Los campos maduros Sacha, Shushufindi y Libertador, con una producción superior a los 120 mil barriles, ya fueron concesionados a Río Napo, Schlumberger, Sertecpet y Tecpec; ahora se blinda aún más la privatización, con la entrega a Petroamazonas de todo el patrimonio petrolero nacional, incluido Lago Agrio, Guanta, Auca, Yuca, Cuyabeno, etc. 

En la agenda está prevista la adjudicación de los bloques del suroriente de la Amazonía, luego del brindis licitatorio de la 11ª Ronda. “La consulta previa a los colonos y/o comunidades del Oriente, no es vinculante”, asegura Pastor, dando a entender que los contratos se firman pese a quien le pese. 

Por añadidura, según denuncia de La Televisión, en base a un sendo reportaje de la National Geographic, EPPetroamazonas terminó la construcción de una enorme carretera, que atraviesa el Bloque 31, en pleno Yasuní. Sin duda, el plan extractivista para explotar el ITT está trazado, a pesar de las dádivas que la comunidad internacional entrega a la ministra Ivonne Baki. 

Finalmente, antes de la fusión, los trabajadores ex tercerizados ya hicieron visible su oposición a la entrega de los campos. Son dos mil obreros que temen ser despedidos, por cuanto saben que EP Petroamazonas es la mayor tercerizadora del sector. Los ejecutivos de la empresa, conocedores de que había un sindicato de base, como es el SINTREPP, se organizaron para crear su comité de empresa patronal. Luego de la fusión, los trabajadores perdieron vínculo con el Sintrepp y ya se organizan para conformar el nuevo sindicato, a fin de encarar a la patronal y hacer respetar sus derechos. 

Un ejemplo reciente de la naturaleza anti obrera de EP Petroamazonas se hizo público con el despido arbitrario de 176 soldadores que laboraron con 10 equipos en diferentes campos, a cargo de Tesca y Sertecpet[4]. Violando el Mandato 8, que eliminó la Tercerización, se vuelve a lesionar el derecho constitucional al trabajo. 

Así están las cosas, dado el doble discurso de Correa y su decisión de radicalizar la revolución ciudadana, parafraseando al Ché, podríamos decir: “En el correismo no se puede confiar ni un tantito así…”. 


[1] Ecuadorinmediato, 21 de noviembre de 2012

[2] El Comercio, 15 de noviembre de 2012

[3] Diario El Universo, 16 de noviembre de 2012

[4] El Expreso, 6 de febrero de 2013

 

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