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Del romántico vals al perreo maldito

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Perreo

por Francisco Garzón Valarezo

“Todo moralizador, es por lo general, hipócrita; toda moralizadora, es por lo general, vieja y fea”

Que un hombre abrazara a una mujer por la cintura y bailaran juntos frente a frente era algo que jamás se había visto en los regios salones de la aristocracia del siglo XVIII poco antes de la Revolución Francesa. Las viejas feas y los hipócritas se aterraron y repudiaron el depravado baile al que llamarían Vals. Lo consideraron obsceno, lujurioso y a la muchachada no lo quedó otra que bailarlo a escondidas.

El Tango, más moderno, tiene una historia parecida. Se lo bailaba en los suburbios argentinos y la Ley a través de la policía buscaba a los bailarines para castigarlos. La iglesia -cuándo no-, metió el pico y condenó al Tango asociándolo con el desenfreno y la perversión. La legislación lo prohibió.

Dos siglos y medio han pasado para que el Vals se arraigue como un baile seductor y romántico. Sobre el Tango se hacen concursos mundiales y las ideas que en sus inicios lo condenaron han fallecido.

Las menciones vienen a propósito de los alaridos de los guardianes de la decencia y el decoro por el último video de los estudiantes que bailaban y festejaban la danza del Perreo Maldito. Unos acusan a los profesores, otros a los padres, los de allá a las amistades perversas, al desorden familiar, pero pocos señalan los valores culturales que impone la clase dominante, la música que difunde, el cine que proyecta, el baile que practica, la corrupción que genera.

Lo que hicieron los estudiantes del perreo y días atrás los jóvenes de la Universidad Católica en el baile de las camisetas mojadas, (¿que sería si esa universidad fuese atea?) es la respuesta a lo que promueve la moral burguesa.

Los que se apresuran a condenar y cotejar a los precoces bailarines con el mismo diablo, recordarán quizá que hace poco bailaron la Lambada y los más viejos el Rock and roll, música que las viejas feas y los hipócritas de ese entonces decían que promovía los suicidios y las sectas satánicas. Los acusadores de hoy fueron acusados en su adolescencia, y eso resulta porque la moral, entendida como precepto de la clase dominante, siempre ha tenido dificultades con la juventud, porque puede ocurrir que ciertos bailes tengan expresión de rebeldía, así ocurrió con el twist, con el tango, ocurre ahora con el Hip hop, el Harlem Shake, un baile desprejuiciado y gracioso que los jóvenes árabes emplean como burla contra los islamistas y que tiene como grito de guerra: “con los terroristas.”

La moral burguesa es el último y desprestigiado valor que las clases dominantes pueden exhibir como fórmula para educar a la juventud, pues son los burgueses los decadentes, los dañados y los pervertidos. Son ellos los que proyectan desde el Poder, desde su aparato ideológico, los símbolos que ha de consumir la clase dominada. Es la televisión, propiedad de los burgueses la que exhibe el baile del perreo, son las emisoras de radio y la prensa las que promocionan como buenos a los artistas del perreo.

Por ello es artera la acusación a los muchachos. Quienes los juzgan quieren pasar por santurrones. Quién sabe si para esos estudiantes el perreo solo es un baile de moda como lo fue el Vals, el Tango, el Rock and roll, la Lambada y ni siquiera pensarán en lo que se imaginan los falsos moralistas.

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